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miércoles, 20 de junio de 2012

Devota pasión

Hay algo sublime y misterioso cuando observas a alguien rezar. Creo que la forma más común en distintas culturas es la de juntar las palmas de las manos con las puntas de los dedos apuntando hacia arriba, hacia el cielo. Otra consiste en abrir las palmas de las manos hacia arriba cómo si de un momento a otro fuera a caer algo desde esa dirección. Se mire como se mire, se rece como se rece, es un acto totalmente generoso y sumiso hacia ese dios o dioses a los que se reza. No hace mucho me parecía algo exagerado, el ver cómo algunas personas se daban a ese acto de tal manera que a veces me parecía que rozaba el ridículo; desde fuera no se comprende muy bien qué contiene el hecho de rezar, de qué está hecho.
Ver a alguien  anciano hacerlo, es como si fuera normal, pero verlo en una persona joven, me sorprendía. En mi ignorancia reconozco que parece totalmente anacrónico ver tal escena; me parecía algo sacado de otras edades de la historia y pensaba, " si que hemos avanzado poco"; se supone que ese joven o esa joven debería estar estudiando  en su casa, tomándose un café en una terraza, de compras, paseando, no sé, mil cosas. Pero no, esa persona está rezando. Prefiere rezar, y por cómo lo observé, creo  que su fe no  estaba cuadriculada sólo a unos momentos específicos del día, sino que me dio la impresión de que esa persona  estaría así siempre.
La verdad es que me conmueve ver escenas así. En el fondo, hace tiempo, sentía que la equivocada era yo, y me invadía la envidia, porque no comprendía qué era lo que hacia que doblando las rodillas, juntando las manos, y mirar hacia el cielo parecía  que transformase  a aquella persona. Estaba claro que algo se movía en su interior, por sus rasgos, por su exprexión.
He entendido que no hay otra manera de comunicarse con tu dios, que no valen meditaciones, ni reflexiones en voz baja, ni velas que iluminen al santo. Doblar tus rodillas es doblar tu alma hacia tu dios, abrir las manos es abrir tu alma a tu dios. Es el momento de encontrarte cara a cara contigo mismo, de ver las luces y las sombras, de comprender en su totalidad quien eres y qué haces aquí. No hay disfraces ni disimulos, tú y sólo tú. Quizá veas lo mejor de ti y lo peor de ti, lo que nadie te dirá, lo que nadie podrá intuir de ti mismo.
Rezar es encontrarte con tu dios y reconocerte en él. Así que seas quien seas de la cultura que seas, de la religión que profeses, abre tus manos y tu corazón a quien tú creas que late dentro de ti.

1 comentario:

  1. Vaya!! Q bonito!' hasta me has dejado
    Pensativa... Pero al final lo q realmente importa es lo q uno sienta!
    Un besazo guapa!!

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