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miércoles, 9 de enero de 2013

Mensaje en una botella



Me gustaría empezar esta nueva entrada de mi blog lanzando un mensaje, como todos los que envío a través de esta página, a todas aquellas personas que os tomáis unos minutos de vuestro tiempo para leer lo que aquí escribo: muchas gracias. Vuestras opiniones y consejos son muy útiles para la creación de este blog. No hace falta decir, que si queréis proponer algún tema sobre el que os gustaría que escriba, no tenéis más que enviar un mail o hacer un comentario. Gracias de nuevo.

Hace unas semanas, justo antes de las fiestas navideñas, hablaba con unas compañeras sobre las típicas costumbres de estas fechas, y como siempre, de un tema nos fuimos a otro, y acabamos hablando de las cartas. Sí, las cartas. Aquello que acostumbrábamos a hacer cuando queríamos saber de un amigo o de un  familiar. Cuando la vida no iba tan deprisa y las palabras se escribían completas y no abreviadas. 
En unos cuantos años, la tecnología ha avanzado tanto que parece que hablar de un radio-casette,  de un disquete o de una carta, sean mitos y leyendas de tiempos arcanos y pasados, pero no hace tanto de ello ¿verdad?
Creo que hoy en día, muchos hemos perdido esa maravillosa costumbre que es escribir, sin más.
Y yo soy de las que piensan que esa es y está siendo, la gran perdición de esta nueva época en la que no  tener Whatsapp te califica poco menos que de marginado social. Soy consciente y creo, que todo progreso conlleva evidentemente un beneficio, sino no sería progreso, pero desde luego que también conlleva una pérdida, y en este caso, es ese, el arte de escribir y por defecto, de leer.
Pero éste es un tema del que podemos hablar más extensamente en otro momento.
Antes de continuar, quiero volver hacia atrás.
Hubo un tiempo, cuando yo estudiaba en la universidad, en la que aproximadamente cada quince días, me sentaba en la cafetería de la facultad y me dedicaba durante unas horas ( sí, horas), a escribir a una amiga que estudiaba en otra universidad, lejos de casa. Todavía conservo aquellas cartas. 
Recuerdo que perdía la noción del tiempo y que intentaba plasmar en unos cuantos folios, y de la manera más  natural posible, mis emociones y sentimientos  sobre muchos aspectos de mi vida.
Fueron años muy duros porque aunque por un lado me sentía a gusto con lo que hacía y estudiaba, y con las compañeras que había conocido en la facultad, por otro, en el aspecto personal y familiar, la situación se complicó por diferentes circunstancias que me hacían sufrir y mucho.
Aquellas horas dedicadas a escribir a aquella amiga, me servían de terapia: para expulsar aquel sufrimiento; de alivio, porque sabía que aquellas palabras se dirigían a alguien que en cualquier caso, iba a hacer el esfuerzo por entenderme, o si más no, comprenderme. Finalmente me servía para coger distancia, para intentar ser más objetiva sobre lo que me sucedía, puesto que leía y releía una y otra vez lo que escribía, llegaba un momento en que parecía que aquellos problemas en el papel pertenecían a otra persona.En definitiva, escribir me liberaba.
Aquellos que me conocen, saben que no soy muy navideña. La verdad es que no acabo de entender el significado de lo que la Navidad se supone que debe ser. Entiendo que es una fiesta religiosa, pero si no soy católica, no entiendo porque debo sí o sí "someterme" a ella. Entiendo que es una excusa como cualquier otra, para reunirse con familiares y amigos, cuando por otro  lado me pregunto porqué no se puede hacer en cualquier otro momento del año. Entiendo que cuando eres niño, el hecho de no tener que ir al cole, o siendo ya más mayor, al instituto o a la universidad, se agradece bastante la verdad; pero luego te encuentras, que las supuestas vacaciones son la antelación de exámenes, deberes y trabajos que entregar justo a la vuelta, por lo que las supuestas vacaciones ya no son tales.
En fin, respeto el sentimiento y la percepción de cada personas sobre este tipo de fiestas, pero sinceramente, no lo comparto.
Si bien es cierto, también la celebración de este tipo de festividades, viene impuesta en cierto modo, por como se han vivido en la familia. Y en mi caso, se han celebrado como en cualquier otra casa, a diferencia que nosotros al tener el resto de la familia lejos, éramos los cuatro miembros principales y ya está. También es verdad que de alguna manera, planeaba por el ambiente una cierta nostalgia y melancolía de mis padres, sobretodo por parte de mi padre, y las cenas y reuniones familiares tenían poco de divertido. Está claro, que al menos en mi caso, no ayudó a que mi idea de las navidades fuera diferente a la que es hoy en día.
Si además le añadimos que desde hace unos nueve años, trabajo en una empresa en la que no se puede  coger vacaciones precisamente cuando todo el mundo las disfruta ( en muchos ámbitos laborales pasa esto) , sucede que tu ritmo de vida sigue otro muy distinto al del resto del mundo, y a una le quedan muy pocas ganas de celebrar nada cuando está cansado y agotado.
Tema a parte, está claro, sería la actitud. Aunque mis circunstancias sean esas, yo puedo hacer que por lo menos el tiempo libre que me quede, disfrutar del espíritu navideño, y aunque me cuesta, cada año que pasa lo intento, de verdad.

Cuando yo era pequeña, cada año, mis padres compraban unas cuantas postales navideñas, todo un ritual por cierto, porque tenía que escoger entre un montón de dibujos y tamaños, varias de ellas, todas diferentes para cada uno de los familiares que viven fuera.
El ritual continuaba llegando a casa y proceder a decidir para quien era una y para quien era la otra.
Después pasaba, siguiendo las instrucciones de mi padre, a escribir correctamente y con buena letra, el típico " Felices fiestas y feliz año nuevo, de vuestros hijos y nietas". No era algo que no me gustara hacer, y la verdad es que  me producía cierta alegría ver que los demás hacían lo mismo, y al cabo de unos días, en el buzón aparecían las postales de esos familiares que seguramente seguían el mismo ritual que yo.
Hace muchos años que esa costumbre se perdió, y más cuando una crece y ve que por parte de algunos de esos familiares recibir una postal de navidad viene a ser lo mismo que oír llover.
Pero el gesto, al fin y al cabo es bonito.
Cuando hablaba con mis compañeras sobre las costumbres de estos días, apareció precisamente este tema, y nos reíamos acordándonos de ello. Quien iba a imaginar que veinte años después los mails, los sms y demás iban a sustituir aquel ritual. Yo desde luego, no.
Pero de vez en cuando, esos mensajes, que parecen hoy en día, tan lejanos, vuelven y aparecen en la arena de la vida, así de pronto, en su formato original.
Tanto que hemos olvidado esos pequeños gestos, y tanto que nos "escribimos" a través de los móviles y los correos electrónicos, ¿no os da la sensación de que parece que en el fondo no decimos nada?  ¿Qué pasaría si esa información volviera a ser como antes? ¿No creéis que el mensaje que intentáis transmitir adquiere toda la fuerza de esas emociones y sentimientos que yo reflejaba en mis cartas?¿en vuestras cartas? ¿ qué fuerza tiene el recuerdo de un perfume, o de una canción? 
Todo lo asociamos a vivencias, a contextos de nuestras vidas, a edades, a sentimientos.¿A qué asociáis esos mensajes de vuestras vidas cuando escribís en el ordenador o el móvil?
Hace unos días, llegué a casa, y encontré un mensaje en una botella. 
Era un recuerdo del pasado, de años inolvidables por lo bueno y  por lo malo. Aparece de la nada año tras año, y año tras año olvido que el mensaje vuelve. 
Viene en forma de una letra bellísima, del ritual de escoger la postal y decidir qué escribir y cómo escribirlo. Viene a través del tiempo para recordarme que todo sucedió y que lo hizo con mucha fuerza.
Esa postal de navidad, la única todos los años. La que me acerca a ese espíritu navideño del que tanto reniego. Quizá de eso se trate. 
Una postal de navidad, de una amiga a la que quiero con todo mi corazón y que conocí en esos años de ilusiones y sueños borrados por el paso del tiempo. Es curioso, la tengo agregada en el Facebook, y apenas cruzamos alguna que otra palabra en mucho tiempo, pero ahí está, el mensaje año tras año, en el buzón.
Escribir limpia el alma, transmitir los mensajes de vuestro puño y letra exorciza los pensamientos y los eleva a lo más profundo de los corazones. Te sitúa en el espacio y el tiempo de quien escribe sea éste cual sea. 
Es un pequeño milagro de navidad que agradezco de todo corazón y que me transporta una vez al año a otras arenas, cuando la amistad me salvó de mi misma y de lo que me rodeaba, cuando sus sonrisas y sus lágrimas, como las mías, nos unieron, para siempre.
¿ A dónde os transportan los mensajes de los que quéreis, de los que ya no están, de los que quedaron atrás, de los que os rodean en este momento?..
No dejéis de enviar mensajes para la eternidad y de seguir con vuestros rituales!
¡Feliz año nuevo!

Anexo: Al grupo de amigas de la promoción 1996-2000  de la carrera de Filología Clásica de la Universidad Autónoma de Barcelona: Esther M, Loli H., Paqui R, Lily, Loli, Ingrid  y en especial a Sara Molina, por seguir el ritual.No os olvido.




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